Se acercaba la primavera yo estaba pensando en el árbol de Navidad.
(No sé cuándo leerás esto, pero yo lo escribí en un mes de marzo).
Algunos sois felices viviendo en el día de la marmota, os va bien que todos los días sean iguales y yo no os entiendo.
Entiendo menos aún a los del team frío, que gustosamente se mudarían a Canadá o algo así.
Estaba pensando en el árbol de Navidad; en que a mis hijos les gustaría dejarlo puesto todo el año y yo digo que así perdería la gracia (y el sentido). ¡No quiero tropezarme con el árbol de Navidad cuando estemos a 40 grados!
Y me pasó ese día cuando fui a encender el difusor de la cocina (no lo del árbol, lo de la gracia). El difusor es un tren muy cuco, con su vapor y su silbato y todo. Tiene vías y, justo delante, en los huecos para las botellas de los aceites esenciales, tenía el Holiday Joy (la mezcla navideña) y el Northern Escape. Una mezcla de maderas ideal para el otoño-invierno.
Lo fui a poner y me paré en seco. Porque ya no llovía, ni estaba nublado, y de pronto estábamos en manga corta. Así que no, una mezcla de maderasen ese momento, no pega nada.
Como no pega nada el árbol de Navidad en agosto.
Porque hay un tiempo para cada cosa, como decía el Rey Salomón.
Y la primavera es tiempo de cítricos con florales.